God of War: El regreso de Kratos para PS4

[De hobbyconsolas.com]

Por fin tenemos el análisis de God of War para PS4, una aventura salvaje ambientada en la mitología nórdica y protagonizada por Kratos, el fantasma de Esparta y su hijo Atreus. Esta es la review de uno de los juegos más esperados del año.

Vamos a hacer este análisis de God of War para PS4 con especial atención para no que no se cuele ningún “spoiler”. ¿Por qué? Porque os ha parecido una experiencia brutal, un auténtico “vendeconsolas” que merece ser disfrutado con el conocimiento justo: God of War es una obra maestra, pero resulta aún mejor gracias a los guiños y sorpresas que aguardan en su interior. Sssshhh, no digamos más, y veamos cómo se encuentra el guerrero espartano en esta nueva entrega.

Kratos, el fantasma de Esparta, carga sobre sus espaldas una historia de leyenda. Su piel es blanca por estar embadurnada con las cenizas de sus familiares muertos. Sus antebrazos están vendados por las cicatrices que le dejaron las Espadas del Caos. Su mirada es pesada, porque ahora soporta una nueva responsabilidad: llevar los restos de su esposa muerta a la cima más alta del mundo, acompañando a su hijo Atreus.

Es un personaje que se ha transformado: si en la trilogía original y en God of War Ascension nos encontrábamos un protagonista cegado por la furia, que sólo se encontraba cómodo en el campo de batalla, el nuevo Kratos trata de esconder su naturaleza divina y reprime sus impulsos violentos… claro que cuando llega al límite, pelea como nunca.

Una experiencia mitológica

Lo primero que debemos aplaudir es cómo se ha adaptado la saga a una nueva ambientación. El dios de la guerra griego es un extraño en Midgard (el mundo de los humanos de la mitología nórdica) y poco a poco va conociendo las “reglas” de este reino. El modo en que se introducen personajes legendarios y localizaciones, como el árbol del mundo Yggdrasil, el sabio Mimir o la serpiente Jorgmungander es perfecto; el jugador aprende al mismo tiempo que el propio Kratos.

Pero la historia bascula sobre otro arco argumental, a un nivel más bajo que la batalla entre los dioses. La relación entre Kratos y su hijo Atreus nos ofrece una perspectiva mucho más íntima y, en cierto modo, más emocionante. Ambos comienzan como extraños: el guerrero espartano se esfuerza por educarle en el combate y ganarse cierta empatía, mientras que Atreus se debate entre el amor hacia su padre y el rencor. Es una relación perfectamente retratada, que nos recuerda a Joel y Ellie en The Last of Us o a lo que ya vimos en  Uncharted 3 La traición de Drake (con Nathan Drake y su mentor Victor Sullivan “Sully”). Y además evoluciona a lo largo del juego. La relación entre padre e hijo no es sólo una cuestión argumental. Ambos unen sus fuerzas en el combate (Atreus va armado con un arco, que lanza diferentes tipos de flechas) y en la resolución de algunos puzles. Y por otra parte, Kratos debe proteger a su vástago cuando cae en manos de trolls, ogros y draughrs. El sistema es muy orgánico: unas veces nuestro acompañante actúa por su cuenta, y en otras ocasiones debemos darle órdenes mediante botones contextuales.

El sistema de combate

La cámara de God of War es un auténtico prodigio (ya discutiremos más adelante su uso del plano secuencia) pero al colocarse tras el protagonista, ha obligado a cambiar el sistema de combate. Esta vez Kratos empuña el hacha Leviatán -más adelante en el juego es capaz de conseguir otras armas- y puede ejecutar combos en el cuerpo a cuerpo, o lanzarla como un proyectil (y recuperara presionando el botón triángulo). La combinación entre estos dos tipos de ataque, junto con habilidades defensivas (parar ataques con el escudo y esquivar) da como resultado unas peleas más estratégicas que en los juegos anteriores. El ritmo es más parecido a un Dark Souls o a un Bloodborne que a los “hack ´n slash” frenéticos que eran los primeros juegos. También porque los enemigos “pequeños” son capaces de ponernos en apuros. Las habilidades básicas mejoran con la experiencia. Kratos sube de nivel cada vez que elimina a un rival, y puede aprender combos más complejos y contraataques, que resultan cada vez más necesarios para hacer frente a los enemigos. Y por supuesto,  cuando las cosas se ponen feas, puede activar la furia espartana para soltar puñetazos con la fuerza de un dios.

 

 

 

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